Liga del barrio, para los muy futboleros


En mi barrio, el fútbol sala ha sido desde siempre el deporte más practicado, desde que tengo memoria, y desde que la tiene mi padre y mi abuelo, podría añadir. A pesar de ser un barrio de la periferia de Segovia, que se construyó para gente trabajadora, y estar rodeado en su tiempo por descampados en los que el fútbol tradicional sería muy fácil de jugar, los vecinos optaron por la variante interior. No puedo hablar por todos, desde luego, pero para mí está claro que fue una cuestión práctica, puesto que si uno quería realizar algún deporte de forma lúdica después de una dura jornada de trabajo, ¿qué mejor que uno que se practicara en interior y no estuviera expuesto a las inclemencias del tiempo o tal vez de una hora tardía?

Claro está que, para ello, las infraestructuras fueron necesarias desde el principio. Lo curioso es que, una vez construidas, se vio que tenían mucho éxito, y cada vez acudían más forofos del fútbol sala no sólo a practicarlo, sino simplemente a mirar; lo que hizo, por supuesto, que esas infraestructuras mejoraran y, a la postre, aumentaran. Para entonces, ya en tiempos de mi padre, todos los chicos jóvenes usaban su tiempo libre jugando en esta disciplina, convirtiéndolo en algo así como el deporte oficial del barrio; y claro, entre tanto aficionado, empezaron a aparecer algunos chicos que despuntaban y se veía que se les daba bien. Ahí empezaron algunas de las leyendas que hasta ahora acompañan a la historia del lugar.

La década de los 90 trajo novedades al barrio, en especial dos: una nueva generación de jugadores que empezaban a sustituir a los veteranos más antiguos (como el caso de mi padre y yo, por ejemplo), y la incorporación a nuestra rutina de los equipos femeninos. Claro, la emancipación de la mujer también llegó al fútbol sala, y las chicas también querían demostrar que eran tan capaces como nosotros de hacer honor a nuestro juego rey, así que allí se apuntaron a nuestras competiciones amateur. ¿Y qué decir? Pues por mi parte, que bienvenidas sean.

Y volvemos a la época actual, a principios de noviembre, a punto de comenzar toda la actividad deportiva en nuestro barrio, y donde tanto mi padre, mis tíos, mis hermanos como yo tenemos un lugar y unas tareas asumidas. También las chicas de la familia aportan bastante buenas jugadoras, y eso es algo que me pone muy contento, porque ya añoro empezar todas nuestras ligas, con la emoción de una nueva temporada de actividad frenética. ¡Esto sí que es fiebre por el fútbol… aunque sea de sala!